Antecedentes
Mientras todo el mundo trata de discernir quién manda en Irán tras el cese al fuego indefinido, si los políticos al mando del Vocero del Parlamento, Ghalibaf, o la Guardia Revolucionaria, al mando de su jefe Vahidi, esta columna continúa sosteniendo que las partes llegarán a un acuerdo independientemente de quién continúe en el poder en Irán. Mientras tanto, analicemos cómo esta guerra impacta en Europa. Tradicionales aliados de Estados Unidos desde la Segunda Guerra Mundial, los países europeos no fueron consultados por Trump cuando lanzó su ofensiva junto con Israel. Luego, se rehusaron a colaborar con el esfuerzo bélico e incluso algunos de ellos impidieron el uso de bases americanas en sus territorios para que se transporten armas y aviones a Medio Oriente. Líderes como Starmer en Inglaterra, Sánchez en España y Macron en Francia sintieron la furia de Trump, acusándolos de traidores a la alianza militar, económica y cultural entre el viejo continente y Estados Unidos.
No obstante, la guerra puso en evidencia tensiones geopolíticas que Europa ya viene experimentando en los últimos años: Estados Unidos está más preocupado por China que por Rusia; Europa sigue siendo vulnerable en términos de energía; la alianza política europea no es lo suficientemente fuerte para tener posiciones unificadas; y finalmente, las tensiones internas relacionadas con la inmigración y las políticas sociales imponen la agenda de los líderes europeos más que las amenazas externas.
Mitos actuales
- La ayuda militar y diplomática europea es indispensable para lograr un acuerdo duradero. Si bien los europeos juegan un rol fundamental en las instituciones internacionales que fomentan el orden y la paz global, su rol diplomático y militar no es indispensable ni para empezar una guerra ni tampoco para terminarla. Los rusos invadieron Ucrania a pesar de que los líderes europeos estaban convencidos de que Putin no iba a resignar la venta de gas a Europa. Luego, los esfuerzos diplomáticos europeos y su escueta ayuda militar no alcanzaron para parar la guerra, que ya lleva cuatro años. Algo parecido pasa en Irán, donde Trump empezó la guerra sin la aprobación de sus aliados europeos y ahora la está terminando sin consultarles.
Mis predicciones
- Europa no tendrá un rol importante en las negociaciones ni en la implementación de un acuerdo de paz. No están en la mesa de negociaciones. Los intermediarios son países árabes y solo China, que participa silenciosamente en las sombras. Diplomáticamente están más preocupados por no enojar a Irán para que abrir el estrecho, y el gas y petróleo comiencen a fluir nuevamente a sus países. Los países del Golfo tampoco entienden la poca claridad con la que Europa se muestra frente a Irán, incluso después de que uno de sus misiles alcanzara el continente y mostrara que podrían en el futuro alcanzar alguna de sus capitales. Israel es una historia aparte, los líderes europeos continúan castigando diplomáticamente al Estado judío sin ofrecer soluciones permanentes. Incluso Líbano ya no quiere que su tradicional protector europeo, Francia, vele por sus intereses. Solo unos pocos países como Polonia, Suecia y Finlandia entienden las consecuencias futuras de no apoyar a su aliado, Estados Unidos, aun cuando no están de acuerdo con sus acciones. Solo cuando se alcance la paz, Europa podría mandar una fuerza simbólica que garantice el libre paso de naves por el estrecho de Ormuz.
- Europa aumentará su autonomía energética en detrimento de energías renovables. Durante décadas Europa apagó sus reactores nucleares (con la excepción de Francia), cerró sus minas de carbón y dejó de explorar nuevos yacimientos de petróleo. Europa viviría de energías renovables domésticas, y gas y petróleo barato de Rusia. Luego, por la guerra en Ucrania, el gas ruso se reemplazó por el gas catarí y el petróleo del Golfo. La dependencia energética no se redujo, solo cambió de región. Hoy Europa necesita poner en marcha nuevamente centrales nucleares, extender la vida útil de las existentes, y sostener la producción en yacimientos de petróleo maduros del Mar del Norte, para reducir la vulnerabilidad energética actual que produce inflación y impacta en su crecimiento económico.
- Europa continuará dividida políticamente sobre temas de seguridad mientras Estados Unidos continúa replegando sus tropas del continente. La unión económica ha sido mucho más fácil que la unidad política. Los europeos siguen pensando más como ciudadanos de cada uno de sus países que como ciudadanos de Europa. Esto hace que sus políticos privilegien las demandas domésticas sobre los desafíos de seguridad que tiene el continente, como la inmigración desmedida y Rusia. Ser una potencia global requiere un liderazgo político unificado y una inversión constante en defensa, requisitos que hoy los líderes europeos están muy lejos de alcanzar.