Antecedentes
Después de la Segunda Guerra Mundial, los europeos comenzaron un proceso de integración económica y política para evitar nuevas guerras entre ellos y contener a la Unión Soviética, mientras delegaban gran parte de su defensa en Estados Unidos a través de la OTAN. Tras más de siete décadas de integración, crearon el mercado único, el euro y varias instituciones supranacionales, mientras la OTAN garantizaba la seguridad del continente bajo liderazgo americano. Hoy, la guerra en Ucrania, la inmigración y el resurgimiento del nacionalismo euroescéptico ponen en jaque el proyecto de integración europea. El progresivo desinterés de Estados Unidos por asumir el costo principal de la defensa del continente coloca además a los líderes europeos ante un nuevo desafío. ¿Sin Estados Unidos, quién defendería a los países bálticos o a Polonia si Rusia decidiera extender la guerra con Ucrania argumentando que muchos drones y misiles provienen de esos países?
Mitos actuales
- Cuidado con una Europa militarmente fuerte sin Estados Unidos. Esta semana, el periodista Fareed Zakaria publicó una columna advirtiendo sobre los riesgos para Estados Unidos de que Europa desarrolle una verdadera autonomía militar y deje de ofrecer las mismas ventajas estratégicas para proyectar el poder americano desde el continente. También advierte sobre el posible resurgimiento de una Alemania demasiado poderosa, capaz de generar nuevas tensiones entre las principales potencias europeas. Pero Zakaria no menciona los beneficios de una Europa más independiente en materia de defensa. Estados Unidos podría concentrar más recursos en contener a China en el Indo-Pacífico, mientras Europa aprovecharía el incremento del gasto militar para fortalecer su industria tecnológica e integrar aún más sus fuerzas armadas. Que soldados alemanes estén en la primera línea de defensa en Estonia o que submarinos británicos con misiles nucleares patrullen el mar Báltico bajo una estrategia común fortalecería la interoperabilidad estratégica del bloque.
Mis predicciones
- La OTAN sobrevivirá con una menor presencia americana en Europa. Hoy el comando militar de la OTAN está en manos de Estados Unidos. Con el tiempo, y a medida que Europa incremente su gasto en defensa y la interoperabilidad de sus fuerzas —es decir, la capacidad de que soldados de distintos países combatan como una sola fuerza—, el control operativo de la OTAN en el continente pasará gradualmente a manos europeas. Los ejércitos que entrenan, planifican y operan juntos desarrollan una capacidad militar muy superior a la suma de sus fuerzas nacionales.
- Europa desarrollará las capacidades militares de las que todavía depende de Estados Unidos. El continente ya produce tanques, aviones y buques de guerra, pero necesita expandir su capacidad para fabricar sistemas antimisiles, drones, radares y otras tecnologías críticas. Estados Unidos facilitará licencias para producir algunos de esos sistemas en suelo europeo como por ejemplo los sistemas antimisiles Patriots.
- Europa disciplinará a los Estados rebeldes en cuestiones de seguridad, como Hungría o España. Cuando Viktor Orbán dejó el poder, un líder europeo comentó que por fin podrían discutir cómo ayudar a Ucrania “sin un espía en la mesa”. También el gobierno de Pedro Sánchez restringió el uso de bases españolas por parte de Estados Unidos durante la guerra contra Irán. La mejor analogía es el euro. Cuando a un Estado miembro no le gusta la política monetaria del Banco Central Europeo, no puede imprimir su propia moneda. En cuestiones de seguridad ocurrirá progresivamente lo mismo si Europa quiere construir una estrategia común y unas fuerzas armadas realmente integradas.
- La protección de la base industrial será fundamental para la defensa europea. No se pueden desarrollar drones con inteligencia artificial utilizando componentes críticos provenientes de China. Europa tampoco puede depender de China para vehículos eléctricos, baterías, componentes electrónicos o equipos industriales críticos (tampoco de Estados Unidos). Revitalizar y proteger la base industrial del continente será esencial para no depender de un aliado de un posible enemigo. Los líderes europeos ya aprendieron esa lección en 2022, cuando gran parte de su industria dependía del gas barato ruso. En la competencia global, los errores estratégicos que se repiten son doblemente costosos.