Geopolítica Simplificada

82. Venezuela, Cuba y El Relanzamiento de la Doctrina Monroe (publicado en diciembre 2025)

Antecedentes:

Hace casi 200 años, el presidente estadounidense James Monroe proclamó la doctrina que llevaría su nombre: “América para los americanos”, una advertencia directa a las potencias europeas para que no intentaran recolonizar ni intervenir en el hemisferio occidental. Hoy, Trump está relanzando esa misma doctrina, pero esta vez dirigida a una potencia muy distinta: China, y en menor medida a sus actuales aliados, Rusia e Irán. América Latina puede comerciar con quien quiera, pero cuando los intereses de seguridad nacional de Estados Unidos están en juego, no hay espacio para ambigüedades.

El régimen de Maduro se ha convertido en un riesgo considerable para Washington: no solo funciona como plataforma para el ingreso de drogas a Estados Unidos, sino también como un posible punto de apoyo para que China proyecte poder en el patio trasero estadounidense. Mientras Trump incrementa la presión para forzar la salida de Maduro —incluyendo un bloqueo naval a las exportaciones de petróleo—, se abre la puerta a consecuencias que pueden ser deseadas, pero no necesariamente buscadas: la posible caída del régimen cubano.

Mitos Comunes:

  • El bloqueo marítimo alcanzará para voltear a Maduro. La respuesta es no. Aunque la exportación de petróleo es el principal ingreso del régimen (alrededor del 15% del PBI) y el pilar central de la economía venezolana, un bloqueo por sí solo no hará caer al gobierno. Durante la pandemia, el precio del petróleo llegó a desplomarse hasta casi cero en algunos días y aun así el régimen sobrevivió trasladando todo el costo económico a la población. La evidencia histórica es robusta: los bloqueos y sanciones rara vez destruyen regímenes autoritarios —Cuba, Irán y Corea del Norte son ejemplos claros—; lo que sí hacen es empobrecer a sus pueblos y fortalecer a los aparatos de seguridad, que aumentan su control interno a medida que el país se aísla. Solo pueden acelerar una caída cuando el régimen ya enfrenta un deterioro estructural profundo y un colapso social inminente.

Mis Predicciones:

  • El bloqueo es un paso previo a ataques aéreos sobre Venezuela. El bloqueo naval es un instrumento más de presión dentro de un proceso de negociación que se está agotando. La cúpula del régimen está convencida de que puede resistir indefinidamente —como lo han hecho otros regímenes autoritarios— y que Trump no se atreverá a usar la fuerza militar. Pero Trump no está “blufeando”: si el bloqueo no produce resultados concretos, el siguiente paso serán ataques aéreos limitados, diseñados para enviar una señal inequívoca a Maduro y forzar un cambio en el cálculo del régimen.
  • El régimen cubano podrá caer también. La economía cubana se ha contraído cerca de un 15% desde 2018 y el 70% del petróleo que consume la isla proviene de Venezuela. Incluso antes del bloqueo, Cuba ya sufría una escasez crónica de electricidad: en muchas zonas la gente ni siquiera puede mantener alimentos en sus heladeras. Desde 2020, un cuarto de la población ha huido debido al hambre, las enfermedades y el colapso de los servicios públicos. El gobierno se sostiene casi exclusivamente por la eficiencia del aparato de inteligencia, que controla cada aspecto de la vida social. En este contexto de fragilidad extrema, el bloqueo a Venezuela no derribará al régimen cubano por sí solo, pero sí puede profundizar la crisis hasta un punto en el que una chispa social —liderada por jóvenes que conocen el mundo exterior desde sus celulares— termine de romper un sistema que ya venía desmoronándose.
  • La Nueva Doctrina Monroe volvió para quedarse. China puede seguir haciendo negocios en América Latina: importar vastos recursos naturales, a cambio vender productos manufacturados, e invertir en industrias locales. Todo eso seguirá siendo aceptado mientras no comprometa intereses de seguridad nacional de Estados Unidos. Cuando esas transacciones crucen esa línea, los países latinoamericanos serán penalizados por Washington. La venta de puertos en manos chinas en Panamá a fondos estadounidenses fue solo el comienzo. Lo mismo ocurrirá si empresas chinas adquieren un control significativo sobre yacimientos de tierras raras, gestionan el espectro radioeléctrico de algún país o —mucho más sensible aún— si algún gobierno llega a considerar algún tipo de cooperación militar con Beijing. La última vez que una potencia rival intentó instalar capacidades militares en el “patio trasero” de Estados Unidos —la Unión Soviética durante la crisis de los misiles de 1962— Washington estuvo dispuesto a llevar la crisis hasta el borde de una guerra nuclear.

Autor

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio