Geopolítica Simplificada

81. Maduro vs Trump (Parte 2) (publicado en diciembre 2025)

Antecedentes:

Nadie puede saber cuándo ni cuánta fuerza militar usará Trump en Venezuela. Pero sí podemos estimar el rango de posibilidades de un ataque estadounidense. El objetivo máximo de Trump es un cambio de régimen en el que Maduro ceda el poder pacíficamente a María Corina Machado. Pero esto difícilmente ocurra si Estados Unidos no utiliza, al menos, un mínimo de fuerza. Del otro lado, la inteligencia cubana —el principal protector del régimen— le repite a Maduro que Trump está blufeando, que no se atreverá a usar la fuerza ni a arriesgarse a otro Vietnam. Maduro, mientras tanto, sigue estirando las negociaciones y ofreciendo posibles escenarios: uno posible es  que Padrino López encabece una junta de transición para luego convocar a elecciones, garantizando una salida pacífica y el exilio de la cúpula chavista a Cuba, Rusia o Qatar. El entorno íntimo de Trump tampoco logra definir una estrategia común. El grupo está dividido: Marco Rubio presiona para forzar un cambio de régimen y lo ve como una plataforma para convertirse en el próximo candidato republicano; Vince, en cambio, impulsa una salida negociada sin recurrir a la fuerza, también para fortalecer sus propias aspiraciones presidenciales. Mientras tanto, el tiempo corre. La flota expedicionaria estadounidense ya lleva cuatro meses y medio frente a las costas venezolanas. Y como máximo puede permanecer allí seis meses antes de tener que regresar a sus bases para reabastecerse. La ventana estratégica se está cerrando.

Mitos Comunes:

  • Venezuela puede ser como Panamá en 1989. Panamá es apenas una doceava parte del territorio venezolano, y además Venezuela tiene una geografía mucho más diversa y montañosa. En 1989, las fuerzas estadounidenses ya estaban desplegadas dentro de Panamá, lo que redujo significativamente el esfuerzo necesario. Solo hicieron falta 25.000 tropas para ocupar el país. En Venezuela sería distinto: para controlar el territorio, Estados Unidos necesitaría al menos 100.000 tropas en tierra, algo que Trump no está dispuesto a hacer. Él quiere ser reconocido como “el presidente de la paz” y siempre se opuso a las ocupaciones prolongadas como Afganistán e Irak.

Mis Predicciones:

•       Trump, como mínimo, atacará bases y centros de producción de droga dentro de Venezuela. Trump necesita demostrar que no está blufeando. Un ataque aéreo nocturno contra varios objetivos civiles vinculados al narcotráfico —como centros de producción de droga— y militares —como baterías antiaéreas— serviría para desbloquear la negociación y eliminar la percepción de falta de voluntad. Lo más probable es que los ataques ocurran un viernes o sábado por la noche, como ocurrió cuando estados Unidos bombardeo irán.

  • No habrá una invasión terrestre generalizada. Si no se alcanza un acuerdo tras el primer ataque, seguirán nuevas oleadas de bombardeos y misiles Tomahawk, esta vez incluyendo bases aéreas con aviones en tierra e infraestructura costera de la Armada venezolana, pero sin una invasión anfibia. El Pentágono no acumuló fuerzas suficientes para llevar adelante una operación de ocupación y, además, estratégicamente no quiere hacerlo: una presencia terrestre expondría a los soldados estadounidenses, y unas pocas bajas serían devastadoras para la opinión pública en Estados Unidos; al mismo tiempo, crecería el riesgo de bajas civiles venezolanas. El ejército estadounidense es excepcional para hacer la guerra, pero no está preparado para asumir tareas policiales ni para garantizar la seguridad cotidiana de la población civil, por lo que una ocupación prolongada está completamente descartada.

•       El fin del régimen depende de que Estados Unidos garantice una amnistía a los militares venezolanos. Durante el régimen chavista prácticamente ningún militar quedó libre de actos de corrupción o complicidad. Excluyendo a la cúpula —que sería encarcelada, eliminada en ataques o exiliada en Cuba, Rusia o Qatar—, los oficiales por debajo del rango de Capitán necesitan una amnistía para garantizar el orden durante la transición. Sin esa amnistía, no confiarán en colaborar con la oposición. Los demás coroneles y Generales pasarían a retiro. Estados Unidos debe garantizar este proceso para asegurar la gobernabilidad futura.

•       El resto de América Latina callará. Los aliados de Maduro han ido desapareciendo. Argentina y Bolivia ya tienen gobiernos más derechistas y pro-Trump. Chile y Colombia están en el mismo camino. Lula criticará públicamente cualquier ataque, pero en privado desprecia a Maduro y los costos políticos y fronterizos que le genera. México tiene su propia agenda: Sheinbaum acaba de entregar 55 jefes narcos a Estados Unidos sin siquiera permitirles hablar primero con sus abogados. El relanzamiento de una versión moderna de la Doctrina Monroe (“América para los americanos”) se está convirtiendo en uno de los nuevos pilares de seguridad del Pentágono, avalado por el pragmatismo de los gobiernos latinoamericanos —sean del signo ideológico que sean.

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